5.11.26

Andalán y la censura por escribir sobre CAZAR (hoy Ibercaja) en 1978

No sé puede comprender el Aragón contemporáneo sin el papel jugado por el semanario Andalán. Cuando sale a la calle en septiembre de 1972 era un modesto quincenal que poco a poco irá tomando cuerpo, agrupando en su seno a las diversas corrientes de la intelectualidad y la izquierda aragonesa. En mayo de 1977 la publicación pasa a semanal y probablemente vive sus momentos de gloria en los años finales de esa década de los setenta, con tiradas cercanas a los 16.000 ejemplares.

Si durante el final del franquismo Andalán fue víctima recurrente de la censura sufriendo varios secuestros, en los primeros años sin Franco también sufrió en sus carnes algún ataque: no se vivían buenos tiempos para la libertad de expresión, como parece que vuelve a ocurrir hoy en día.

El semanario recibió una querella presentada por el presidente de la CAZAR (hoy Ibercaja) José Joaquín Sancho Dronda por un artículo publicado en la página 9 de su número 149 (enero de 1978).


Bien sabemos cuáles son los auténticos poderes en Aragón y lo poco o nada que les gustan las críticas, y más cuando junto a la reseña sobre la trayectoria de su director se hacía en Andalán un demoledor análisis de cómo una entidad de crédito con finalidad social, actuaba de manera críptica ayudando a hacer todavía más ricos a los ya riquísimos. Efectivamente todo es presuntamente, y aquí tan solo nos hacemos recuerdo de lo que le sucedió a Andalán. Faltaría más, con lo pobres que somos. Para criticar a los ricos, hay que ser más ricos que ellos. Sí, todavía hoy.

Habiendo sido Andalán un faro de solidaridad en los tiempos más difíciles, se organizó una campaña en apoyo de la publicación que congregó a todas las organizaciones progresistas y que traspasó las fronteras de nuestra tierra. 

Dentro de la campaña aragonesa se editó esta pegatina que vemos abajo, firmada por el Colectivo Plástico de Zaragoza (CPZ). Finalmente el juicio se celebró el 21 de junio de 1978 y el periódico fue condenado a pagar una indemnización de un millón de pesetas y a un multa de 50.000 pts. por injurias leves.

Nota.: La imagen superior pertenece al Archivo Tiempos de Lucha y Esperanza y en el texto ha colaborado Manuel Gálvez



La IA nos matará, pero no sabemos de qué manera


Se nos dice que la IA nos matará, no sabemos si por su peso, por llevar pinchos, por ser venenosa o por otro motivo. Si acaso, yo creo que quien nos puede matar son personas que utilizan mal la IA. Pero eso es otro tema y algunos me dicen que no.

La IA peligrosa no la conocemos. La IA más potente, nueva y en constante avance no es para el consumo de todos. Eso no quiere decir que no exista ya, que no vaya creciendo a un ritmo que no conocemos. La IA peligrosa nunca saldrá a la venta y menos al alquiler por una pequeña cantidad al mes.

Ni cuando nos caiga encima en forma de misiles pequeñitos, sabremos qué marca tiene, quien es el dueño, ni desde qué país nos la mandan. Será ya tarde.

El año pasado, se robaron criptomonedas por valor de 2.000 millones de dólares, el triple que dos años antes, según la firma de análisis Chainalysis. El botín de este año será mucho mayor pues solo el 29 de octubre se sustrajeron 6.300 millones de dólares de Binance. El gran negocio ya está apuntado, la ciberseguridad necesaria.

Llevamos unas semanas en que hemos visto atacar desde no se sabe bien qué lugar las cámaras frigoríficas de supermercados en varios países, para ponerlas en descongelación y así estropear sus contenidos. Todo esto no mata pero deja heridos, costosos heridos.

Esta semana se ha dicho también, aunque ya llevamos varios meses con el invento, que hay drones que en la guerra de Ucrania simplemente se posan en un lugar del campo, sobre un escondido espacio lleno de hierbas altas, esperando a recibir órdenes. Lo iniciaron los rusos, ahora ya lo utilizan ambos bandos. Simplemente se quedan quietos días o semanas, escuchando ruidos.

Ya no necesitan tener cámaras ni conexión, para saber en dónde atacar. Ahora utilizan el sonido, los ruidos. Y en cuanto escuchan una voz, el sonido de un coche en la carretera, ruidos que esos drones identifican y saben etiquetar, levantan de nuevo el vuelo y atacan desde la cercanía. 

Armas baratas y pequeñas pues no necesitan contacta con sus centros de control —o sí—, y solo llevan micrófonos y explosivos. Armas latentes que mandan al campo cuando nadie las puede localizar y las dejan en espera. Entre las hierbas pasan los días, semanas o meses.

La IA ha venido para quedarse, nos toca aprender y adaptarnos, es verdad, algunas profesiones serán barridas como en los años 2000 sucedió con otras si nos remontamos a no hace tanto tiempo. Pero matar… matan los humanos.