21.10.26

Mundo Futuro desde el año 2004 - 03


Estamos asistiendo en este 2004 y de forma algo balbuceante al nacimiento y crecimiento de una nueva Europa Unida que crece muy rápidamente, pero con bases nada sólidas. En pocos meses hemos llegado a una Europa de 25 países, pero sin tener todavía Constitución propia, sin saber hasta donde quiere ir en esta unión, si sólo será económica y no política, o si será el comienzo histórico de una nación de naciones o un mero intento por crear un gran mercado de producción mundial para competir con el resto.

Los propios ciudadanos de esta Europa damos muestras claras de agotamiento político con unas respuestas en los últimos comicios para su Parlamento que no superaron el 40% de participación. Países de nueva incorporación que son los que más provecho económico van a tener con esta incorporación no quieren pertenecer a la misma, reflejando sus ciudadanos en encuestas el deseo personal de seguir siendo independientes incluso en temas económicos.

Hoy todo el planeta gira alrededor de un solo gran país, los EEUU, de un presidente irregular, George W. Bush, perteneciente al Partido Republicano. 

Esto es incuestionable, marca los pasos y la velocidad, marca la cultura, la tecnología y sus avances, la economía y sus ciclos, las guerras y las alianzas, las reglas de juego y los repartos de poder. Tal es así, que los demás asistimos callados a sus decisiones, dejando para un consumo interior las críticas a sus actos por miedo a que el gigante mundial se enfade.

Él consume y reparte las cuotas de poder mundial que deja en manos de aliados que él mismo elige, ofrece delegaciones mundiales en campos diversos para aquellos que están de su lado, lo que arrastra a colocar en el otro a todos los que disientes de sus posturas políticas o económicas. Como gran poder mundial, y dependiendo además de algo tan frágil como una sola persona que ejerce de Presidente, y que toma sus decisiones sin consultar a terceros, todo el mundo lo toma como referencia para lo bueno y para lo malo.

España en los últimos meses ha pasado, de ser el segundo país más fiel aliado, a un apestado con el que no se quiere hablar, por la retirada unilateral de las tropas españolas de la guerra de Irak. (Y lo pongo aquí como ejemplo de lo que explico solamente, pues esto puede cambiar radicalmente para bien o para mal en el transcurso del presente libro). 

Ciertamente no fue —a mi entender y visto con perspectiva de 24 años después— una decisión acertada, por mucho que nuestro presidente Zapatero lo hubiera prometido en su programa electoral. No acertada en las formas más que en los fondos, pero ese es otro tema que de momento se nos escapa aquí por su análisis necesariamente más profundo por lo que significa de cara a sus aliados. 

Nota de 2026.: Aquella decisión, de alguna manera, debilitó Europa.

Quiero decir con esto que las alianzas nunca han sido eternas, pero que en la misma medida en la que los cambios se suceden unos a otros a una velocidad muy rápida, le sucede lo mismo a las decisiones políticas o a las posiciones en el mapa mundial. Por eso nadie está seguro de casi nada, dependemos excesivamente de muchos factores que no podemos controlar.

Diríamos que sólo une el idioma y no siempre. Los países anglosajones tienen estas alianzas mucho más asentadas que el resto de los países del mundo. De hecho el castellano no une casi nada.

Mientras todo esto se sucede a nuestro alrededor a una velocidad que no detectamos pero que es muy alta, hay una gran parte del mundo que no se mueve absolutamente nada. Esto quiere decir que de ellos nos estamos distanciando un poco más cada año que pasa.

Pero como no se mueven los países que conforman ese mundo, eso casi obliga a emigrar a sus habitantes más osados, hacia países que ya saber que su forma de vivir es muy diferente a la que ellos tienen.

Nota de 2026.: La imagen del inicio del texto no refleja bien lo que veíamos de aquella Europa del año 2004 que es la fecha del texto que hemos leído, aunque ya intuíamos debilidades. El BREXIT no había llegado, y ahora en el 2026 es mucho más aceptable creer que Europa se acerca a lo que refleja la imagen. Pero en todos los tiempos, siempre depende de nosotros, de los europeos.

La economía del trueque, del intercambio


Ayer hablaba ligeramente de Economía, básica, de la de empezar a conocer todos un poco más, para evitar que nos engañen. Tenemos que saber que la inflación nos hace más pobres y a su vez conocer en qué medida y qué debemos decidir cuando nos ataca. De eso saben mucho los argentinos, por desgracia para ellos.

Hace unos años se empezó a hablar del trueque, del intercambio de servicios entre las personas. Es algo antiquísimo como conocemos. Mi amigo me arregla el grifo da la bañero y yo le hago las declaraciones de impuestos, como ejemplo sencillo. Era una manera de volver a crear aquellos Bancos de Horas, o Bancos de Tiempo. En algunas Comunidades funciona mejor que en otras.

No es sencillo, no cuajó, pero se mantienen mucho entre amigos, entre conocidos. Cada día más, si tienen un amigo que es médico de familia, tienes un tesoro, aunque ellos lo sientan como un excesivo peso. Cuando la Sanidad Pública va lenta, los que pueden pagar la Privada lo hacen, los que no podemos, buscamos alternativas y los amigos o las Farmacias son a veces esa alternativa.

En esas viñetas os dejo un poco de humor sobre lo que es el trueque. Si eres descalzo y te ofrecen zapatos, tal vez esos zapatos los puedas cambiar por barras de pan o por unas camisas.

En realidad todo es trueque. Yo te doy parte de mis horas diarias de vida, para que las utilices como quieras, y a cambio me das unos números en mi banco, para yo poder comprar zapatos o pescados. Efectivamente, como hace miles de años.

La economía del trueque es una forma de intercambio en la que no se usa dinero del que fabrican los que gobiernan. En vez de pagar por algo con euros, dólares o cualquier otra moneda, una persona entrega un bien o un servicio a cambio de otro bien o servicio.

Pero tiene varios problemas. El principal es que las dos personas tienen que querer justo lo que la otra ofrece. Si tú tienes pan y quieres zapatos, pero el zapatero no quiere pan, el intercambio se complica. A esto se le llama a veces “doble coincidencia de necesidades”.

También es difícil poner precios. ¿Cuántos kilos de trigo equivalen a una cabra? ¿Y cuántas horas de trabajo equivalen a una bicicleta? El dinero solucionó en gran parte ese problema porque sirve como medida común de valor, al trocear con números el valor de las cosas y servicios.

Miguel Puente