Relato para leer y hacer caso. O no.

Relájate.
Cierra los ojos.
Si estás leyendo esto es que no los has cerrado bien, te explico: baja los parpados hasta que no puedas ver nada.
No, sigues sin hacerlo bien. Es posible que estés bocabajo, en ese caso tendrás que subir los parpados hacía arriba.
Nada, que no. Quizás no tengas parpados. En ese caso ponte una mano pegada a los ojos, por encima de tu nariz. ¡Cierra los ojos!
Me parece que no me estás haciendo caso. En serio, ¿Por qué no lo intentas? Hasta que no los cierres no podré seguir con lo que quiero decirte.
¿Lo haces para fastidiarme?
¡Bah!, tengo mejores cosas que hacer que perder el tiempo con alguien que ni siquiera quiere colaborar.
¡Que te jodan!


¿Sigues ahí?
Si leo esto con el pensamiento, es que estoy aquí.
Creo que tú crees que tienes el poder, pero eso es totalmente falso. Yo te domino. Piénsalo, en lo más profundo de tu mente existen diversas ideas que forman tu personalidad. Tú piensas por ti mismo. ¿Pero que diferencia hay entre tu pensamiento y leer para ti mismo?
Mi color favorito es el rojo.
¿Era eso una afirmación tuya o una mía? Debes poner tú los limites, porque esa frase en tu propio cerebro suena de la misma forma, sea tuya o sea mía.
¡Este relato es una obra maestra!
Hombre, gracias. Y digo, yo, ¿Cómo puedes estar seguro de que algunas frases no afectan a tu más puro subconsciente?
Mi número favorito es el 3. Mi número favorito es el 6.
Acabo de introducir una incoherencia en mi subconsciente, lo mejor será que… ¡me jodan por no haber cerrado los ojos desde un principio! Digo yo.